El movimiento anarquista tiene como objetivo primordial la consecución de un espacio de relaciones entre iguales, la destrucción del poder ilegítimo, la subordinación y la opresión en todas sus formas y la consecución de una sociedad sin clases donde la solidaridad, la igualdad, la libertad, el apoyo mutuo y, por tanto, la felicidad sean las características propias de la futura sociedad libertaria. La consecución de la anarquía. En este sentido y concretamente en la búsqueda de una sociedad no jerárquica y sin relaciones de poder (opresor/a – oprimido/a) es donde tiene su razón de ser un movimiento feminista de mujeres anarquistas: el anarcofeminismo.
El anarcofeminismo se arroga a luchar contra la subordinación y opresión de las mujeres en todos los ámbitos de la vida (económicos, sociales, familiares) y promueve la búsqueda de espacios de relaciones no jerárquica, tanto entre sexos como entre individuos. El horizonte es la equidad social entre sexos, el enemigo el Patriarcado -en cuanto opresión, poder y control social estructurales- en el cual las mujeres son las principales afectadas; el enemigo es la sociedad jerárquica y autoritaria, por ende.
Los patrones que definen y conforman la(s) figura(s) de autoridad se fundamentan y perpetúan en el contexto de la sociedad patriarcal; en la que el poder, la autoridad, la dominación, la agresividad, la competición, etc., son rasgos asociados a lo masculino y altamente valorados en sociedades autoritarias. Lo femenino, vinculado a valores no autoritarios –cooperación, empatía, sensibilidad, etc.-, es devaluado. La esfera de lo público (la cultura en último término) ha sido reservada al hombre; la esfera de lo privado (la familia, el cuidado de la progenie, lo asociado a la naturaleza por tanto) a la mujer. El papel adjudicado a las mujeres, tradicionalmente, ha propiciado que el ser protagonistas, tomar la palabra, decir lo que se piensa y tener seguridad en una misma sea difícil de conseguir en un sentido pleno. Romper con los paradigmas femenino y masculino, conseguir un marco de convivencia equivalente en que ser hombre o ser mujer no importe a efectos prácticos, pasa por conseguir la desestratificación de la sociedad, sin géneros y sin clases, las dos construcciones sociales por antonomasia. La emancipación de las clases oprimidas, la destrucción de la sociedad de clases ha de venir de la mano de la emancipación del género oprimido y de la destrucción de los géneros en cuanto categoría social.
Ani Marlene